Veíamos el mismo escenario en consultorios, oficinas y áreas técnicas: buena parte de la jornada se convierte en registro. La consulta terminó, y alguien tiene que convertir lo que ya sabe en texto dentro de un sistema. El trabajo está hecho; lo que queda es escribirlo, compitiendo con la consulta siguiente.
La salida obvia sería dictar, y casi todo el mundo ya lo había intentado. Lo que frenaba todo era siempre el mismo detalle: los servicios de dictado que vienen con el sistema o con el navegador envían el audio al servidor de otra empresa. Nota de paciente, declaración, cláusula, número de cuenta: todo sale de la computadora antes de convertirse en texto. En un sector regulado, ahí se termina la conversación.
Había además un detalle que el material de ventas de estos servicios no menciona: sin internet, no hay dictado. La herramienta falla justo donde sería más útil: en el avión, en la zona con mala señal, en el consultorio con una red inestable. Fue la suma de esas tres cosas lo que nos convenció de construir en lugar de recomendar algo ya hecho.